ΑΝΕΞΑΡΤΗΤΟΙ ΠΑΝΑΘΗΝΑΙΚΟΙ
Το blog απευθύνεται αυστηρώςPublished on: 24.04.2012
Estoy que no me lo creo. Iré a México a este acontecimiento.
Quienes me conocen sabrán lo que podrá estar significando para mi.
Parto alegre con la idea de conocer a varias personas con quienes he
mantenido contacto mediante facebook aunque no se si, al final, será
posible encontrarlas; en todo caso si no fuera así, alegre voy de todas
formas.
Me han dicho que tienen misa diaria en la mañana y en la noche en el
templo del Pilar, además la misa del domingo cerca del mediodía, rosario
y hora santa después de la misa del jueves en la noche; así que estaré
encantadísima de asistir a todo lo que me sea posible.
Llevaré mi cámara y regresaré a contar con detalle la experiencia.
Es una gozada planear un viaje con el único propósito de asistir a
misa tridentina y de paso, conocer los alrededores; por supuesto si, y
solo si, alguno consigue arrancarme del templo del Pilar.
Así, o más emocionada?
(Si, lo que es la hija de mi madre, está así, no puedo siquiera imaginar como estarán ellos!)
Recen por mi (y por todos los involucrados)
Gracias.
Me ha hecho una gracia inmensa hoy esto que les contaré.
Después de muchos días de no tomar fotografías del amanecer conseguí
tomar algunas lo cual me alegró muchísimo porque se las comparto al
padre Javier Sánchez Martínez en España quien me ha dicho que le sirven
de gran alegría y consuelo.
Pues bien, habiendo tomado -como de rigor- la fotografía de las
fumarolas del Volcán Turrialba me dispuse a tomar fotografías para el
padre Javier.
Subí las fotografías de las fumarolas al Observatorio Vulcanológico
quienes siempre las reciben con gratitud y luego subí la del sol para el
padre Javier.
Una hora después miré de nuevo esa fotografía y observé un detalle
lindísimo: la enramada le da forma de corazón a la luz del sol pasando a
través de ella.
Miren nada más que bonito!
Si, Rey y Señor Nuestro, no lo hemos olvidado, eres todo corazón!
Gracias.
Nota: En verdad espero que esta sencillez mía no ofenda a nadie.
Los publicistas han titulado este video “El poder de la honestidad", prefiero llamarle “El poder de la honradez".
Ha sido Coca Cola la responsable de habernos puesto a prueba y
felízmente concluido que los ticos somos en una proporción importante
100% honrados.
Disfrútenlo!
Les cuento, como anécdota adicional que, una vez, en el lugar donde
trabajaba hallé treinta mil colones y no supe quién los había dejado.
Me fui, cliente por cliente, pidiéndole que se asegurara que no había
perdido su dinero. Ninguno había perdido nada. Así que guardé el dinero
y esperé.
Unas dos horas después vi entrar a una joven madre muy angustia
buscando en el suelo y en diferentes rincones algo que se le había
perdido.
De inmediato lo supe. Fue cuando le pregunté: - “Se le ha perdido algo? Ella respondió: - “Si. Treinta mil colones que llevaba en la mano para pagar el colegio de mis hijos".
Con una sonrisa en la boca, metí la mano en el bolsillo de mi pantalón y se lo entregué.
Su sonrisa de alivio y su gratitud nunca las olvidaré. Sobre todo su sonrisa de alivio!
En estos días he venido preparándome para la exhibición y venta de
mis perolitos de cerámica por lo que he estado muy presente “en el
mundo”.
Me da un poco de risa y vergüenza decirlo pero es la verdad ya que mi
vida transcurre en el campo bastante alejada del ritmo frenético en el
que vive la mayoría.
El caso es que, muy en contacto con el mundo como estoy en estos
días, me doy cuenta lo difícil que es también para la mayoría hacer
memoria de Cristo. No es de culparse cuando se nos olvida.
Es difícil salir al mundo sin la conciencia de estar viviendo a
Cristo pero mucho más sin una buena dosis de oración, una buena
persignadita o sin, por lo menos, encomendarse a María Santísima y a san
Miguel Arcángel ya que, es cierto, el mundo está de locos.
De eso me doy por enterada, en primera instancia, mediante la
televisión. Es impresionante el afán que tienen por hacernos acostumbrar
y que, además, nos hallemos bien comoditos entre vampiros, muertos
vivientes, demonios, dioses malévolos y cuanto personaje son capaces de
inventar para capturar la atención de quienes, desatendidos de sí
mismos, en lugar de mirar su anhelo de bien se concentran en lo
contrario.
El caso es que, desde niña recuerdo que noté el cambio del pudor al
impudor en las imágenes de televisión.
Allí me dije: “Caray, nos quieren
acostumbrar a verlo como algo normal!” Y, ahora, con lo de tantos
personajes espantosos vinculados a lo “oscuro” con los que nos
ametrallan no me queda otra que admitir que quieren acostumbrarnos al
desorden de las emociones, a negar la razón, a vivir de fantasías, a
arrancar a Dios –a como de lugar- de nuestra vida y que, según ellos,
nos encontremos bien comoditos allí también. Pero, que se olviden, ya
que -de eso- ¡ni locos!.
Lo que es dramático no es solo que nos acostumbren a la maldad sino
que a ésta la hacen saltar de la televisión a la vida real aquellos que
se comieron el cuento de que el mal da poder, porque –parece mentira-
pero muchas mentes terminan creyéndoselo. Basta con leer los diarios
sensacionalistas y conocer la forma en que los asaltantes se ensañan en
contra de sus víctimas. Y basta, también para reconocerlo y –atando
cabos- leer a Monseñor Luigi Negri así como esa noticia absurda de la educación pagana en el Reino Unido.
Sonará inofensivo tanto vampiro y muerto viviente malvado en la
televisión pero está visto lo que hicieron al intentar acostumbrarnos al
impudor.
El caso es que si los vemos inofensivos es que van ganándonos la
batalla, porque ni el impudor ni la maldad, son algo a lo que ni en la
televisión, mucho menos en la vida real, deberíamos acostumbrarnos.
Pues bien, como hija de Dios y saliendo al mundo a dar la batalla
como recientemente estoy saliendo, caigo en la cuenta lo difícil que es
vivir a Cristo; por lo mismo y, debido a la urgencia, venía a
recordarles que antes de salir de casa digan sus oraciones, se persignen
y encomienden a María Santísima así como a san Miguel Arcángel. Y que,
por nada del mundo, dejen de ir a misa el domingo.
Aunque así parezca, ¡no es bromeando que lo digo!
He venido pensando en las situaciones en que me he metido y he salido trasquilada. Han sido todas situaciones en las que no he sabido o querido tener paciencia.
Para tenerla, he aprendido que por un lado tendría que haber puesto en juego recursos con los que me han equipado como es la libertad, la inteligencia y la capacidad de amar, pero también haber deseado ejercitar mi voluntad en adquirirla; es decir, cuando se elige la impaciencia significa que existe una voluntad debilitada y una afición o apego que nos impide actuar libremente.
Vista como se la vea, la impaciencia no tendrá otro resultado que el fracaso tal y como le probado en carne propia una y otra vez.
En el fondo viene a ser una cuestión de falta de confianza en Dios.
Para trabajar sobre la confianza en Dios no es suficiente el propio esfuerzo ya que la desconfianza en ocasiones se arraiga en la propia vida debido a sucesos en la historia personal, es decir, por experiencias que lo transforman a uno en persona desconfiada. Termina siendo la desconfianza un desorden de los afectos que impide ser razonable y, por tanto, obstaculiza el camino a la verdad y al bien.
Una vez hace muchos años, reconociéndome persona desconfiada e inhábil para obtenerla por mi cuenta, la imploré al cielo por lo que puedo decir que, al día de hoy, he mejorado pero me falta todavía mucho camino para llegar a tener esa confianza en Dios que pido en los siguientes términos: “que sea una que jamás podría yo imaginar”.
La cuestión es esa, la desconfianza produce impaciencia y ésta grandes males.
Eso es lo que observo sucedió cuando el otro día quise ofrecer razonabilidad en un grupo que ardía por denunciar abusos en la liturgia. En esa ocasión ni los denunciantes tenían disposición para ser razonables pero tampoco los denunciados, así que, la hija de mi madre salió trasquilada debido a la impaciencia que la llevó a “tratar de poner orden” a otros desconfiados e impacientes.
Los tiempos que vivimos de muchas maneras nos están, ya no solicitando u ofreciendo, sino exigiendo confianza en la Providencia Divina o, lo que traducido sería: confiar en que el camino que transitamos conduce, inevitablemente, a ponernos delante de un bien (como la paciencia) que tarde o temprano nos veremos obligados a elegir.
Y es que, fíjense bien: qué es lo que por lo regular nos mueve? Nos mueve el deseo de que la realidad sea otra, mucho más agradable, mucho más perfecta, mucho más “coherente” (cosa que nunca es) por lo que una vez tras otra nos damos de narices contra las personas y las circunstancias.
Una vez admitiéramos la realidad tal cual es y que, a pesar de lo que debería ser y de nuestro esfuerzo por mejorarla, persiste en ser lo que es, la razonabilidad con que nos han equipado tendría que ayudarnos a aceptarla, pero no lo hacemos.
En ese sentido me ha resultado esclarecedor un relato noruego que describe Alfonso Aquiló Pastrana en uno de sus artículos publicados en conoze.com el cual ha titulado “La impaciencia de los hombres”.
No solo me ha echado luces sino que es de ahí de donde tomé el título para esta entrada por lo que si desean saber las razones que tuve para hacerlo, tendrán que echarle con paciencia una miradita.
¡Feliz fin de semana!

