17 05 2012
Last update: 15:19:17 PST (Pacific Time Zone)

Domingo VI Pascua (B)

09 May 2012 22:41:00


13-5-2012                               DOMINGO VI DE PASCUA (B)                    Hch. 10, 25-26.34-35.44-48; Sal. 97; 1Jn. 4, 7-10; Jn. 15, 9-17
Homilía de audio en MP3Queridos hermanos:             En varias ocasiones el evangelio de hoy nos habla de amor. Es el mandato que Jesús nos ha dejado: “Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”. En esta homilía me fijaré en una forma concreta de desamor y así veremos más claramente cómo podremos practicar de un modo concreto ese amor del que nos habla Jesucristo: Con relativa frecuencia me encuentro con personas que hablan habitualmente de los defectos de los otros (yo mismo también caigo en ello). Hablamos de los defectos que vemos en la familia, en el lugar de trabajo, con respecto al fútbol, a la política, a la religión, a los amigos… El sacar los defectos de los otros no sólo es un “deporte nacional” en España, sino también es un “deporte mundial”. Sí, este “deporte” lo he visto y oído en diversas partes de España, pero también en Alemania, en Italia, en Suiza… Fijaros si es un “deporte” tan practicado que hasta le han sacado un cuento. Se titula el cuento de las dos alforjas. Allá va:            “Un día, Dios bajó a la tierra, convocó a todos los animales, así como al hombre, y les dijo: ‘Quiero que viváis en armonía, felices y contentos. Así que, si alguien tiene alguna queja, que la diga sin temor, y enseguida le pondré remedio’. Nadie expuso nada. Dios entonces se dirigió al mono: ‘Y tú, ¿qué, estás contento? ‘¡Claro!’ –respondió el mono-, ‘tengo cuatro patitas que son un tesoro, y tengo un tipito que muchos envidian. Yo no tengo motivos para envidiar a nadie. Comparado con el oso, que es tan feo, soy una maravilla. Él sí tendrá de qué quejarse’. Los otros animales pensaban como el mono, pero esperaban la queja del oso. Sin embargo, el oso no se quejó. Al contrario, con tono de orgullo dijo: ‘Yo me veo fuerte, bien proporcionado, con cierto aire señorial. Comparado con el elefante, que es un monstruo, una masa de carne que parece que se cae a pedazos, soy un encanto. No me quejo de nada’. El elefante tomó la palabra y dijo: ‘¡Ah!, pues yo tampoco me quejo absolutamente de nada. Me siento fuerte, sólido, como un rey poderoso. Mucho peor es la ballena, que parece una masa informe’. La ballena no se quejó; se consideraba mejor que la jirafa, larguirucha y desgarbada. La jirafa se sentía esbelta, fina, señorial, no como la hormiga, insignificante y rastrera. La hormiga se veía como la reina en comparación con el mosquito. Y el mosquito se veía ágil y capaz de defenderse perfectamente… Así todos, hasta que llegó el hombre. Éste se entretuvo en contar sus cualidades y atractivos. Así estuvo un largo rato. Luego siguió hablando sobre los defectos de los otros. Y se reía de ellos. Dios, que había estado en silencio, se dirigió a todos de nuevo y les dijo: ‘Bien, veo que cada uno lleva dos alforjas: en la de atrás metéis vuestros propios defectos para no verlos, y en la de delante los defectos de los demás para criticarlos y reíros de ellos’”.             Vamos a sacar de este cuento varias conclusiones o moralejas:            1) Una persona que habla mal de otro o de otros delante de nosotros, más tarde, cuando no estemos presentes, hemos de suponer que también murmurará de nosotros. Ya conocéis el refrán: ‘Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar’.             2) El otro día me decía una persona que ella, en ocasiones, hablaba mal de los otros, pero sólo decía la verdad. De acuerdo: Si es cierto lo que se dice de otros y lo que se dice son hechos negativos, se estará diciendo la verdad…, pero la verdad que no está acompañada de la caridad, no es la verdad de Jesucristo.             3) La verdad es y debe ser siempre una espada de doble filo, es decir, lo mismo que “corta” y pone en evidencia los defectos de los otros, ha de “cortar” y poner en evidencia también nuestros propios defectos, pues “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” (Jn. 8, 7b).
De hecho, los santos también tienen dos alforjas, pero, en vez de poner sus propios defectos en la alforja de detrás, los ponen en la de delante. Y, en vez de poner los defectos de los demás en la alforja de delante, los ponen en la alforja de detrás. Así, ellos tienen continuamente presentes sus propios fallos antes que los fallos de los otros.            A continuación para rematar la homilía propongo aquí algunos “dichos de luz y amor” de San Juan de la Cruz, que nos pueden ayudar mucho en esta materia. Estas frases son para meditarla, para orarlas y para que Dios nos conceda el cumplirlas:             * “No mirar imperfecciones ajenas, guardar silencio y continuo trato con Dios desarraigarán grandes imperfecciones del alma y la harán señora de grandes virtudes”.            * “Hable poco, y en cosas que no es preguntado no se meta”.                  * “No se queje de nadie”.            * “Lo que hablare sea de manera que no sea nadie ofendido, y que sea en cosas que no le pueda pesar que lo sepan todos”.            * “Quien se queja o murmura, ni es perfecto ni aun buen cristiano”.            * “Mejor es vencerse en la lengua que ayunar a pan y agua”.
            En definitiva, cuando Jesús nos dice en el evangelio de hoy “que os améis unos a otros como yo os he amado”, podemos practicarlo no hablando mal de nadie o, si decimos algo negativo, pero cierto…, que esté siempre acompañado de la misma caridad y del mismo amor con los que Cristo nos muestra a cada uno de nosotros nuestros pecados.

Domingo V Pascua (B)

02 May 2012 22:49:00


6-5-2012                                 DOMINGO V DE PASCUA (B)                                                Hch. 9, 26-31; Sal. 21; 1 Jn. 3, 18-24; Jn. 15, 1-8
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:             Dice el evangelio de hoy: “A todo sarmiento mío que no da fruto (mi Padre Dios) lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto”. En esta frase Jesús utiliza principalmente dos verbos: arrancar y podar. - Estuve la semana pasada en la Casa Diocesana de Espiritualidad de Meres dando una tanda de ejercicios espirituales. Estuve bastante liado, pero procuré sacar todos los días unos 40 minutos después de comer para dar dos vueltas alrededor del pueblo y mover así algo las piernas. Iba por aquellos caminos y veía casas de campo, sobre todo, y alguna urbanización. En las casas de campo veía árboles frutales y en varias ocasiones los vi con demasiadas ramas. Yo no entiendo demasiado de ello, pero creo que los árboles deben de ser podados si queremos que den fruto más abundante. En una casa de campo que mis padres tienen cerca de la Virgen del Camino (León) hay varios árboles y a mí me toca habitualmente podar los avellanos. Mi padre me ha dado instrucciones para ello: 1) Arrancar. He de quitar las ramas que salen en la base del tronco, pues ellas quitan savia a otras ramas que sí producen fruto y que se desea que sigan produciéndolo. Las ramas que no sirven o que chupan savia al árbol las corto de raíz, y luego las amontono en un lugar de la finca para quemarlas en la chimenea, cuando llega el frío. Además, se quiere que el árbol tenga el tronco limpio y tire para arriba. Por otra parte, el corte también sirve para airear la copa del árbol, de manera que los rayos del sol accedan a su interior y den vida a las ramas y hojas de esta zona. El sol ayuda a eliminar ciertos insectos y otras plagas que se afincan en lugares oscuros y húmedos. 2) Podar. Aquellas otras ramas que están mejor situadas y que interesa que den fruto se cortan un poco, es decir, se podan y así dan fruto abundante y mejor. Al podar, el ‘instinto de supervivencia’del árbol hace que cuando éste se siente atacado (esto ocurre cuando se poda) ‘tema’ por su vida y florezca antes y en gran cantidad.             Esta comparación tan sencilla de entender para la gente del campo también hoy es perfectamente comprensible para nosotros.             ¿Qué tipo de rama o de sarmiento somos nosotros en nuestra familia, en la sociedad, en el lugar de trabajo, de estudio, en la Iglesia, en la fe? ¿Somos de las ramas o sarmientos que no dan frutos, que roban la savia al tronco, es decir, a la familia, a la sociedad, a la Iglesia, en el trabajo, en la relación con Dios? ¿Somos de las ramas o sarmientos que aprovechan la savia del tronco (de la familia, de la sociedad, del trabajo, de la Iglesia, de Dios) para crecer y dar fruto, según nuestras capacidades y fuerzas?             - La acción de podar es dolorosa para el sarmiento: 1) Podar significar ‘cortar’. A quien le podan le cortan un trozo de sí; a veces el corte es casi total y le deja sin una parte muy importante de su ser y de lo que fue su vida. Dios ‘podó’ al misionero italiano de la historia que conté el domingo pasado. Le cortó la relación con su familia, con su cultura, con su salud, con su comodidad, con sus seguridades…, pero ese misionero se dejó podar por Dios y dio fruto abundante… antes de morir y al morir. Cuando Dios le ‘cortaba’, seguramente no le gustaría, pero sirvió para que diera fruto. 2) Podar significa corregir. Dios poda y corrige a quienes ama. Así nos lo dice el libro del Apocalipsis: “A los que yo amo los reprendo y los corrijo; sé ferviente y enmiéndate” (Ap. 3, 19). O también en aquel otro texto precioso de la carta a los Hebreos: “Por lo demás, si a nuestros padres de la tierra los respetábamos cuando nos corregían, ¡cuánto más hemos de someternos al Padre del cielo para tener vida! Nuestros padres nos educaban para esta vida, que es breve, según sus criterios; Dios, en cambio, nos educa para algo mejor, para que participemos de su santidad. Es cierto que la corrección, en el momento en que se recibe, es más un motivo de pena que de alegría; pero después aporta a los que la han sufrido frutos de paz y salvación” (Hb. 12, 9-11). En estos días que estuve en cama por el catarro vi un programa de televisión en que un padre en Florida enseñaba a su hijo como ganarse la vida cazando caimanes. El padre le aconsejaba que les disparara con una escopeta, pero el hijo decía que no, que era mejor con su pistola. El padre decía a la cámara: ‘Estos chicos de ahora quieren aprender, pero no se dejan enseñar por quien tiene más experiencia’. Se vio enseguida cómo un caimán había caído en una trampa (una cuerda con un cebo) y había que subirlo a la barca tirando de la cuerda con una mano mientras  con la otra se le disparaba. Así lo hizo el hijo, pero el disparo de pistola no fue lo suficientemente fuerte, pues no mató al caimán y éste casi cercenó un brazo del chico. Menos mal que el padre estaba atento y mató al reptil con un disparo de escopeta. A partir de aquí se vio al chico con una escopeta en la mano cada vez que iba a subir a la barca a otro caimán.3) La poda-corrección, si es bien recibida, produce entre otros estos frutos: -capacidad de escucha; -capacidad de introspección o de examinarse uno ante lo que se le dice;  -humildad para aceptar lo que a uno se le dice, aunque no guste al principio; -una gran ganancia en las virtudes y una disminución de los vicios, errores y pecados; -un gran amor hacia quien poda-corrige, pues se ve que lo hace por amor y se reconoce en él la valentía de corregir y educar.
Oración            ¡Señor, corta en nosotros lo que está podrido o lleno de pecados!            ¡Señor, corta en nosotros lo que nos impide ver la luz de tu Hijo, Jesucristo!            ¡Señor, corta en nosotros, aunque nos duela, pues es necesario para dar frutos de santidad y de bondad!
            ¡Señor, corrígenos siempre, aunque creamos saberlo todo y conocerlo todo! ¡Corrígenos una y otra vez, aunque no te hagamos caso por nuestra terquedad y por nuestra soberbia! Sí, ¡corrígenos y no nos dejes de tu mano!
            ¡Señor, pódanos, aunque ahora estemos dando muy pocos frutos! Queremos dar más frutos para ti y para tus hijos, los hombres,… ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Domingo IV Pascua (B)

25 April 2012 23:04:00


29-4-2012                               DOMINGO IV DE PASCUA (B)                                                                  Hch. 4, 8-12; Sal. 117; 1 Jn. 3, 1-2; Jn. 10, 11-18Homilía de audio en MP3Queridos hermanos:             Celebramos hoy el domingo IV de Pascua y también el domingo del Buen Pastor, es decir, de Jesucristo.            - Hace unos años leí la historia de las últimas horas de vida de un misionero en África. Creo que era un misionero italiano. Él tenía unos 40 años y atendía desde hacía 10 años un territorio bastante grande. Tenía su casa en el poblado principal y desde allí se trasladaba a otros poblados más pequeños para celebrarles los sacramentos, para reunir y hablar con los catequistas, para anunciar la Palabra de Dios, para llevar consuelo, para llevar medicinas o alimentos, para conseguir materiales y que se pudieran hacer pozos de agua y así la gente no tuviera que desplazarse kilómetros y kilómetros hasta el río o hasta un pequeño lago en búsqueda de agua. Normalmente este misionero se desplazaba en una moto. Era más cómodo para él y, además, le gustaban mucho las motos. Se la habían comprado en Italia para poder anunciar a Jesucristo.             Un día este misionero se trasladaba de un poblado a otro para celebrar la Eucaristía. Al pasar al lado de un bosque oyó unos gritos de mujer y pensó que una fiera pudiera estar atacando a esa mujer. Paró la moto, se bajó de ella y se acercó hasta el lugar de donde salían los gritos. Se encontró con una mujer que estaba efectivamente en peligro, pero no porque la estuviera atacando una fiera, sino porque la atacaban varias fieras. Eran fieras de dos patas. Eran hombres, eran bandidos. Estaban armados y robaban donde podían. Se habían encontrado con aquella mujer en el lindero del bosque a donde había ido a recoger leña, la había cogido a la fuerza, la habían llevado al interior del bosque, la estaban desnudando e iban a violarla. El misionero, al ver la escena, les recriminó su mala acción. Entonces los bandidos dejaron a la mujer, la cual escapó medio desnuda, y fueron hacia el misionero. Lo cogieron y le acercaron a un árbol; con un machete le hicieron unas incisiones en los brazos y en las piernas y, a través de aquellas incisiones, le metieron unas lianas, a modo de cuerdas, y lo ataron al árbol. El sufrimiento era horrible y el misionero se estaba desangrando. Luego los bandidos con los machetes le hicieron cortes por todo el cuerpo hasta que lo mataron. Después se marcharon. Al poco tiempo llegaron hombres del poblado más cercano, a donde había ido la mujer, pero ya era demasiado tarde. El misionero estaba muerto y los bandidos habían huido.             En ese misionero italiano se cumplió el evangelio que acabamos de escuchar hace un momento: “Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado […] ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas”. Jesús dijo: “Yo doy mi vida por las ovejas”.             Sin embargo, no podemos decir que este misionero dio la vida por las ovejas solamente en aquel bosque y al querer salvar a aquella mujer. NO. 1) Él dio la vida ya al dejar Italia y una vida más cómoda. 2) Dio ya la vida en los caminos que recorría llenos de fieras salvajes, con peligro de que se le estropeara la moto quedando en medio de la sabana africana y que no pudiera escapar de las fieras. 3) Dio ya la vida al renunciar a su cultura, a los alimentos habituales de su infancia y tener que comer cucarachas fritas, hormigas fritas, serpientes cocinadas, comidas en las que no se cuidaba la higiene, beber aguas sacadas de donde bebían los animales y las revolvían con sus pezuñas, o beber de donde defecaban hombres y animales, o beber de donde había animales muertos. 4) Dio ya la vida al tener que dormir en el suelo de cabañas de paja con las familias que le acogían y en donde dormían a la vez los padres, los abuelos, los hijos, los animales y todo esto sin higiene. 5) Sí, este misionero italiano dio ya la vida por Jesucristo y por aquellos hermanos de Jesucristo mucho antes de morir en el árbol.             - El evangelio de hoy nos habla del Buen Pastor y de los asalariados; nos habla de los buenos pastores y de los asalariados. El evangelio nos da una serie de características para saber reconocer a unos y a otros. Vamos a mirar en nuestra realidad para descubrir a unos y a otros:1) El buen pastor pasa horas en oración ante el sagrario por la noche o recién amanecido a fin de imbuirse de Dios y de hacerse uno con Cristo. El asalariadopasa horas ante el ordenador con Internet para satisfacer sus aficiones y gustos, para sí, y ese tiempo se lo quita a Dios y a sus feligreses. “Y es que al asalariado no le importan las ovejas”. 2) El buen pastor lee, estudia y se prepara para alimentar y orientar a los fieles que Dios le encomendó. El asalariado se pasa gran parte de la noche con películas o Internet y se levanta a media mañana o para comer, y quizás su primer trabajo en el día sea la Misa de 7 de la tarde. “Y es que al asalariado no le importan las ovejas”. 3) El buen pastor está cerca de sus feligreses, los visita, los acoge y les escucha. Recuerdo que en los años que estuve en Alemania con emigrantes españoles conocí la historia de algunos sacerdotes, que eran párrocos de algún pueblo en España en la década de 1960. Por aquel tiempo, ante las graves dificultades económicas y laborales por las que pasaba España hubo pueblos enteros que emigraron a Alemania, o a Francia, o a Suiza para trabajar, y aquellos sacerdotes, en vez de pedir traslado a su obispo para irse a otra parroquia de la diócesis, se fueron para Alemania, para Francia, para Suiza junto con sus feligreses. El asalariado celebra la última Misa a mediodía del domingo en las parroquias de montaña que tiene encomendadas y luego se escapa para casa de sus padres, o para Gijón, o para Avilés, o para Oviedo. Y allí estará hasta la tarde del viernes en que regresará a sus parroquias para “decir” las Misas del fin de semana. El asalariado “dirá” las Misas de Navidad el 23 de diciembre en sus parroquias para luego poder irse para casa de sus familiares y celebrar las Navidades con ellos, pues “siempre celebró estas fiestas en familia”. “Y es que al asalariado no le importan las ovejas”. 4) Podemos ir diciendo muchas más cosas de unos y de otros, pero vamos a dejarlo por hoy aquí.Pidamos al Señor por todos los pastores de su Santa Iglesia. Pidamos que nos convierta a todos los pastores que somos asalariados en buenos pastores siguiendo el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor por excelencia.

Domingo III Pascua (B)

18 April 2012 22:31:00

22-4-2012 DOMINGO III DE PASCUA (B) Hch. 3, 13-15.17-19; Sal. 4; 1 Jn. 2, 1-5; Lc. 24, 35-48Homilía de audio en MP3Queridos hermanos: El otro domingo hablábamos de una serie de experiencias que tienen aquellos que perciben la presencia de Cristo resucitado: la paz en sus corazones, el perdón de los pecados, la alegría de la fe. En el evangelio de hoy se nos apunta otro fruto de la resurrección de Jesús en sus discípulos: Jesús “les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. Y qué sucede cuando Jesús abre a alguien el entendimiento sobre las Escrituras. Pues le sucede lo mismo que les pasó a los discípulos de Emaús cuando Jesús les hablaba: “¿No nos ardía el corazón cuando nos explicaba las Escrituras?”. Sí, nos arde el corazón de fe y de amor a Dios cuando Jesús nos habla al corazón de Dios.En la homilía[1] de hoy quisiera hablaros un poco sobre las Escrituras, es decir, sobre la Biblia y qué podemos hacer por nuestra parte para comprenderla: 1) Yo siempre digo que la Biblia es como un álbum de fotografías. Cuando abrimos un álbum nuestro y vamos pasando página tras página, nos encontramos con rostros familiares, con situaciones pasadas, normalmente alegres. Un álbum es algo personal. Pues lo mismo nos ha de pasar con la Biblia: Hemos de tener algunos pasajes muy queridos, pues nos acompañaron en determinados momentos de nuestra vida y nos dieron aliento, luz, fuerza, ánimo y fe de parte de Dios.2) Siendo seminarista me di cuenta que yo nunca había leído la Biblia entera. Conocía muchos pasajes, pero no había leído la Biblia entera. Pensé que sería bueno y necesario que, uno que iba a ser cura, la hubiera leído, al menos, una vez entera. Así empecé un día y todas las noches, antes de acostarme, leía dos capítulos del Antiguo Testamento y uno del Nuevo. Hubo muchos trozos, sobre todo del Antiguo Testamento, que los encontré aburridos y sin demasiado sentido. Hubo otros trozos que me maravilló el descubrirlos, pues no sabía de su existencia. Hubo otros trozos que me dieron respuestas actuales a problemas o situaciones actuales. Hubo trozos que leí y no di en aquel momento demasiada importancia, pero después, mientras estudiaba o daba catequesis en la parroquia en la que ayudaba como seminarista, vinieron a mí mente y a mis labios y cobraron todo su sentido. Me di cuenta que lo que leía era palabra viva y no palabra muerta, o del pasado, o de una historia antigua. 3) Con el tiempo, y al leer diariamente tres capítulos, terminé la Biblia y entonces pensé en empezar otra vez por el principio. Y seguí haciéndolo del mismo modo: todos los días leía dos capítulos del Antiguo Testamento, y todos los días leía un capítulo del Nuevo Testamento. Y empecé a observar que ocurrían en mí dos cosas, que luego escuché que también les pasaba a otras personas: a) Si lees la Biblia una vez, entiendes algo. Si la lees dos veces, entiendes cada vez más. Si la lees tres o más veces, tiene mucho más sentido y sus palabras entran muy dentro de ti. b) Quien lee la Biblia profundiza cada vez más en Dios y en las cosas de Dios, y ya no soporta demasiado bien leer cosas espirituales de otros hombres, salvo que sean cosas escritas por los santos. Es decir, Dios da un sentido muy certero para percibir claramente lo que es de Dios, dónde está Dios, y todo lo demás cansa o se nos cae de las manos y es considerado como una pérdida de tiempo. Y ahora quisiera leeros algunos trozos de la Biblia que a mí me han hecho mucho bien y que en un momento de mi vida iluminaron mi ser y mi espíritu. Estas son algunas de mis "fotografías". Cada uno debe buscar las suyas: - “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de vida, ¿quién me hará temblar?” (Slm 26, 1). Con este salmo empecé a gustar el Antiguo Testamento, pues descubría cosas hermosas y no sólo matanzas, como me habían dicho. Con este salmo mi espíritu se puso en comunión con Dios y Él me quitó miedos y complejos. Si Él me quiere, qué más da que los demás no me quieran. Si Él me acepta como soy, qué más da que los demás no me aceptan. Si Él quiere a los otros, quién soy yo para no quererles. Si Él acepta a los demás, quién soy yo para no aceptarles. - “Jesús dijo: ‘Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraréis alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’” (Mt 11, 25-30). Este texto de Jesús me descubrió un Dios sencillo y preocupado por los débiles. También vi a un Dios que no buscaba sólo lo grande y lo extraordinario, sino lo pequeño y lo corriente. ¡Todos somos tan pequeños y tan corrientes! “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Esta frase de Jesús me descubrió y me animó a refugiarme en los brazos amorosos de Dios Padre y de Jesús, cuando estoy cansado. Él siempre tiene tiempo para mí. Pero esta frase también me enseñó a querer practicar ser como Jesús, cuando los demás están cansados y agobiados: Porque Jesús, porque Dios usa mis brazos para acoger a esos que están tristes y solos.
- “Para los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rm. 8, 28). Esta frase me enseñó a empezar a ver las cosas con los ojos de Dios. Antes yo pensaba que las cosas eran malas o buenas según me hicieran bien o mal al modo del mundo. Por ejemplo, si tenía demasiado frío o demasiado calor, si me cansaba, si no me reconocían…, todo eso era malo. Y si me sucedía lo contrario, entonces era bueno. Pero Dios me enseñó que tenía que mirarlo y juzgarlo todo desde Él. Lo que yo veo bueno, ¿es bueno para Dios? Lo que yo veo malo, ¿es malo para Dios? Y Dios me decía: Para los que me aman, “todo les sirve para el bien”.

[1] Esta homilía va a ser un poco testimonial.

Domingo I Pascua (B)

04 April 2012 23:58:00

8-4-2012 DOMINGO I DE PASCUA (B)

Hch. 10, 34a.37-43; Sal. 117; Col. 3, 1-4; Jn. 20, 1-9


Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

- En el evangelio de hoy se menciona en tres ocasiones la palabra “correr”: María Magadalena “echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús”; “salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro…” Creo que algunos recodaréis la película de Forrest Gump. En diversos momentos de la película varios personajes le decían: ‘Corre, Forrest, corre’, y él corría y corría. Pero sobre todo hay una escena en que el protagonista echa a correr por todo el territorio de Estados Unidos. Dice él: ‘Aquel día, sin ningún motivo, salí a correr un poco […] Y sin ningún motivo seguí corriendo. Cuando me cansaba, dormía. Cuando tenía hambre, comía’. El protagonista salía incluso en las noticias de los periódicos y de la televisión por su continuo correr. En otro momento de la película aparece el protagonista rodeado de periodistas que le preguntan: ‘¿Por qué corre?: ¿Por la paz mundial? ¿Por la gente sin hogar? ¿Lo hace por los derechos de la mujer? ¿Por el medio ambiente? ¿Por los animales? ¿Por las armas nucleares?’ Y Forrest simplemente contesta: ‘Tenía ganas de correr’. Luego otros corredores se le van uniendo como seguidores e imitadores. Y dice Forrest sobre ellos: ‘Bueno, para ellos sí tenía sentido’ el correr.

Nosotros, como Forrest Gump, también corremos a lo largo de nuestra vida. Si un periodista, si un vecino, si un amigo, si un familiar, si nosotros mismos nos preguntáramos: ‘¿Por qué corres? ¿Por qué corro?’ ¿Qué contestaríamos? ¿Nos merece la pena tanto correr? ¿Tiene sentido nuestro correr?

Jesús también corrió a lo largo de su vida: - Corrió, estando en el vientre materno, desde Nazaret a Belén; - corrió desde Belén a Egipto; - corrió desde Egipto a Nazaret; - corrió desde Nazaret a Jerusalén, cuando tenía 12 años; - corrió con 30 años por el desierto del Jordán, por toda Galilea y por toda Judea; - corrió por el monte de los olivos; - corrió hacia el sanedrín; - corrió hasta Pilatos; - corrió hasta Herodes; - corrió hasta el Calvario; - corrió hasta el sepulcro. ¿Le mereció la pena tanto correr? ¿Tuvo algún sentido el correr de Jesús?

- El evangelio de hoy nos habla de tres personajes: María Magdalena, Pedro y el discípulo que Jesús quería, Juan. Estos tres discípulos de Jesús corrieron tras Él de acá para allá. Ellos corrieron tras de Jesús y corrieron con Jesús por el amor que le tenían, pero sobre todo por el amor que Él les tenía.

El amor de verdad es lo que hace que alguien sea fiel a otra persona. Hace unos días me contaba una mujer viuda que en vida de su marido, mucha gente estaba alrededor de ellos, de su matrimonio. Su marido era una persona importante; era muy servicial y ayudaba a todo el mundo. Este hombre murió relativamente joven y después de su entierro la mujer se quedó sola con sus hijos. La madre de esta mujer le dijo: ‘Hija, ahora vas a saber quiénes son de verdad tus amigos, vuestros amigos’. Y la mujer hoy, después de unos años, dice: ‘¡Qué razón tenía mi madre! Muchos de los «amigos» de mi marido desaparecieron a la muerte de éste’. Sólo permanecieron al lado de esta viuda los verdaderos amigos, los que amaban de verdad; no los que buscaban simplemente su interés o un favor.

Igualmente al lado de Jesús hubo mucha gente y esta gente corría con Él su carrera. Pero, en cuanto hubo peligro o las cosas salieron mal, muchos le abandonaron y le dejaron correr solo. Esa gente fue a correr por otros lados. Sólo hubo algunos, muy pocos los que se quedaron para seguir corriendo por los mismos pasos de Jesús. Por eso, cuando hoy el evangelio nos habla de que María Magdalena corría, de que Pedro corría, de que Juan corría, lo que de verdad nos están diciendo y de lo que nos están hablando esas carreras son de amor, de fidelidad, de constancia, de fe, de esperanza. Y toda estas carreras se ven recompensadas, porque al final se encuentran con la meta: Jesús ha resucitado y Jesús vive para siempre.

Hoy, domingo I de Pascua OS ANUNCIO QUE JESUCRISTO HA RESUCITADO. ÉL VIVE Y ESTÁ CON DIOS. Hoy os animo a seguir corriendo tras Jesús. Si lo hacéis, si lo hacemos será signo de que amamos y de que queremos amarlo, será signo de que somos fieles y de que queremos ser fieles, será signo de que somos constantes y de que queremos ser constantes, será signo de que tenemos fe y de que queremos crecer en la fe, será signo de que tenemos esperanza y de que queremos crecer en la esperanza.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!

Do you like this blog?

Loading... (rating 0) 0 vote(s)



Blog Author

Author: Andrés Pérez Díaz
Blogger's Profile

Tag cloud

sports      tirinhas      shopping      review      news            romance      games      poltica      eventos      blog      musica      humor      travel      curiosidades      photo      general      video      family      filmes      inspiration      videos      moda      usa      imagens      digital      noticias      fashion      poesia      photography      personal      art      reviews      life      foto      music      silver      movies      cheap      fotos     

New blogs in directory

Add your blog