17 05 2012
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CAPÍTULO SEIS: Los límites del Cielo

29 January 2012 03:47:00

-Sofía.
-¡Sofíaaaaaa!
-¡¡¡¡SOFÍAAAAAAAAAAAAAA!!!!

Sofía se sobresaltó, asustada; casi cayéndose de su escondite preferido, su camuflaje de gárgola.
-¿Por qué me gritas así? ¿Estás loco? Desde esta altura podría haberme matado, y....., además, no estoy sorda..., no me asustes más así, Carlos.
-¿Cómo dices que podría matarte si estamos en la Vida Eterna? ¡Ahhhhhhhh, Sofi, tú sí que me vas a volver loco! Todos volamos revolucionados por aquí. Querida, hay límites.
-No sé de qué me hablas.
Carlos miró arriba tomando aliento y paciencia. Sus manos se dispusieron a orar, pero por solo unos segundos. Su rostro había perdido toda la serenidad.
-¿Qué te ocurre, Carlos, ángel mío?
-¡No flirtees conmigo!!!!!
-No lo hago. Eres mi Ángel de la Guarda. De ahí el pronombre posesivo. ¿Por qué estás tan nervioso? Tienes mal color....Se supone que debería ser al contrario. Tú eres quien me cuida y ahora yo soy quien....
-¡¡¡BASTA!!!Y ESCÚCHAME, POR FAVOR.
Sofía se quedó quietecita, cual estatua, con los brazos cruzados con carita de niña buena.
-Siempre me haces lo mismo antes pasarte un límite. ¡Te conozco! ¿O acaso te has olvidado de que te cuido desde que eras un bebé? No me despistas, Sofi.

Sofía puso cara de disgusto.
-Quiero ser su ángel de la guarda.

-No sé si eso puede ser, Sofía. Ya sabes que eso no depende de nosotros -contestó Carlos apenadamente.
Sabía todo sobre Sofía, y también esta ilusión que sentía dentro de sí. Necesitaba cuidar a alguien para sentirse plena. Quería cuidar a la maltrecha superviviente del accidente. A la conductora.

-¿Quién es su Ángel de la Guarda? ¿Estaba de vacaciones cuando ella tuvo el accidente? - preguntó Sofía con mordacidad.

-Sofía, ese no es el camino.

- Perdón - se arrepintió Sofía de inmediato.

-No quiero que te sientas culpable, es que no llegamos a nada por ahí.  Inténtalo. Está bien. Sé lo mucho que la quieres.

-¿Por qué hay límites y es difícil incluso aquí arriba?

-Porque esto todavía no es el cielo, Sofía. Pero estás muy cerca.

-¿Es que Dios no confía en mí, Carlos?

-Ve a verle tú misma y pregúntale. Él te lo dirá.

A Sofía se le iluminaron los ojos de un modo increíble. Parecían dos soles a media tarde. La serenidad a su rostro y a su corazón, y Carlos sintió la fe.

Era lo más bello que había presenciado desde hacía muchos años allí, entre el cielo y la tierra. 

CAPÍTULO CINCO: Primer Milagro

20 January 2012 15:50:00

El Ángel de la Guarda de Sofía, Carlos, se marchó y la dejó sola para ver qué tal se le daban sus andanzas por la Tierra y posibles "moderaciones". Tal vez estuviera capacitada para hacer mucho más Bien del que todos imaginaban.
Sofía ya no sentía miedo. Se acostumbró pronto al cambio de no tener su cuerpo porque era un peso allá en la Tierra. Le costaba moverse y le limitaba. Aquí nadie hablaba de aspectos de nadie y se sentía ligera. Efectivamente volaba como por instinto. Se desplazaba de un lado a otro sin problema alguno. Y el mismo día que lo comprobó decidió bajar a la Tierra para ver cómo estaba su familia y aliviarla con amor.
Lo primero que no le dejó ver casi nada fue una espesa capa de humo gris, casi negra: la contaminación. Cuando se acostumbró dio gracias a Dios de no haber colisionado con un avión por ahí o algo parecido, aunque a una avecilla sí le ocasionó daños y se prometió encargarse de ella hasta que pudiese volar otra vez.
Unas gritos llegaron hasta ella y no tardó en darse cuenta de lo que ocurría: un accidente en carretera. Sofía lloró. Era horrible: un accidente con niños heridos y adultos fallecidos. Se arrodilló ante los niños y pudo sentir lo que sentían, oír su corazón.
"Mamá no estaba. ¿Dónde está mamá?" Tenían mucho miedo, y ella tendió una su mano hacia el corazón de cada uno. Notó cómo se empezaban a calmar.   El buen Dios se conmovió ante las lágrimas de Sofía.  Carlos también quedó estupefacto, pues todos estaban acostumbrados a observar, pero ella se implicaba de una forma distinta completamente. Es que Sofía comprendía porque había sido humana. Y Dios recordó: Sofía siempre tenía miedo al abandono; lo sufrió durante toda su vida, y la fueron abandonando de una manera bestial. Sofía a los tres años: su mamá enferma en la cama y sus hermanos pidiendo silencio a Sofía quien llamaba a mamá desde su cuna. Sofía a los veinte: en la sala de un psiquiátrico aterrada por una depresión. Encerrada. Sofía a los veintiocho: se despierta a la mañana siguiente después de un intento de suicidio fallido. Un milagro había ocurrido ese día, y Dios quería que viviera. Y Sofía sobrevivió, apenas, luchando día tras día, hasta encontrar una ilusión, un motivo para vivir. Ahora Sofía tenía toda esa energía vital para esas personas, la había guardado de algún modo, la conservaba y quería compartirla, pues no la había podido disfrutar mucho en vida. La madre de los niños movió su rostro bajo la mano de Sofía: había reaccionado. Sofía no era Dios, pero Dios se había emocionado y había querido que sucediera lo que Sofía le rezaba con tanta fe, por esos dos niños....., porque Sofía había sido una niña que se comunicaba con Dios desde muy pequeña: cuando no podía dormir, oraba, cuando volvía desde el colegio a casa, le daba las gracias porque no había tenido que hablar en voz alta en clase, y eso a Dios siempre le hizo mucha gracia.
En el telediario informaron de un accidente. Había sido un milagro. Se habían salvado todos. Los coches estaban absolutamente irreparables. Los niños no tenían un rasguño. La madre habia recuperado la consciencia si bien durante un minuto estuvo clínicamente muerta. El conductor del otro vehículo no había sufrido daños, pero sí necesitaban todos ayuda psicológica.

CAPÍTULO CUATRO: Eres un ángel desde que naciste

17 January 2012 03:33:00

El Ángel de la Guarda le explicó a Sofía que no había cursillos preparatorios a pesar de la ofuscación de ella, quien se empeñaba en tener alguna clase de vuelo porque no quería dejar de volar con elegancia, o estrellarse, claramente. Esto le explicaba ante las risas jocosas de su Ángel al comparar sus alas con los cursillos de deporte de riesgo. Explicado todo de una vez, el Ángel pudo hablar por fin de su misión: -Sofía, he venido porque a partir de ahora estás aquí para observar. Aprendiste mucho en la vida y ahora puedes ayudar a las personas. Comprobarás que tienes todos tus sentidos intactos, así que te contaré que ellos, las personas que pueblan la Tierra, no te ven, pero tú a ellas sí.  Ellas no te oyen, pero tú escuchas hasta su pensamiento. Podrás hacer lo que buenamente puedas y quieras.  -Me gusta -dijo Sofía. -Vale, pero no te pases, Sofi.  Ya sabes lo que quiero decir. Ve con cuidado. -¿Y con todo esto me gano la entrada al Cielo? - quiso saber Sofía. -Sí. -¿Pues qué hice mal?- sin poder evitar llorar con todo su dolor escondido durante tantos años. -Sofía- dijo el Ángel-, ya basta de eso-. Precisamente por tu voluntad, por ser como has sido y como eres estás aquí, y te ganaste las alas, como tú dices. Eres un ángel, y desde que pisaste la Tierra lo fuiste, solo que nadie lo sabía. Nadie excepto Dios.  Los ojos de Sofía se abrieron con una alegría y una serenidad que nunca había reflejado antes su rostro. Se diría que era la primera vez que sentía paz en el corazón. Paz, y amor. Se sentía muy querida, como siempre se había querido sentir. Nada le faltaba. Todo aquello que en la Tierra, ¿qué sentía en la Tierra? No recordaba. "Gracias, gracias, gracias, por tanto amor, Señor." -¡Voy a arreglar el mundo! "No te pases, Sofi", sintió en su interior. "De acuerdo, Señorrrrrr" contestó Sofía. 

CAPÍTULO TRES: La sabiduría de un ángel y la inocencia de Sofía

14 January 2012 18:26:00

El viento azotó el cabello y las alas de Sofía: -¿Y qué hago aquí? ¿No te parece que hace un poco de mal tiempo? No sé tú, pero yo sé que si a los pajarillos se les humedecen las alas no pueden volar. Yo no te he visto ni venir, pero es que yo, eso de volar, en mi vida....¿Voy a tener que hacer un cursillo con lo vieja que soy? -. Dijo todo de sopetón Sofía. El ángel se reía a carcajadas. No podía resistirse. Primero fue una sonrisa, después una risa franca y ya no pudo parar. Sin duda aquella criatura era la más inocente y graciosa que había conocido jamás procedente de la Tierra. ¡Y luego hablaban de la maldad....! -Tranquila, Sofía, que para eso estoy yo aquí. Ahora ya no vives como en la Tierra. Todo es distinto. Ya no tienes esa edad, ya no importa el cuerpo ni la forma. Lo que importa es tu esencia, es lo que eres, lo que siempre has sido -. Le explicó con tranquilidad su igual.  -Yo soy tu Ángel de la Guarda -, continuó. -Siempre me llamabas cuando tenías miedo, eso lo recuerdas, y yo acudía todas esas veces. Ahora no me has llamado, pero he seguido acudiendo porque te conozco bien y sé cuándo es momento de venir a tu lado. Era hora de que nos conociéramos. Ya tenía ganas. Es un honor para mí. Sofía empezó a llorar de emoción, pero disimuló para que no se notase. No quería parecer una vieja ñoña o un  lo-que-fuera-demasiado-sensiblera-y-blandengue. -¿Qué tengo que hacer? -Lo que siempre has querido, Sofía; lo que has hecho toda tu vida, pero ahora, tienes más posibilidades, porque, porque.... -No me digas que me tengo que ganar las alas. - Jajajajaaa, Sofía, ¿pues no ves que las tienes en tu espalda?, jajajjajaja -¡Ángel de la guarda!: No te rías de mí, por favor, ni de mi ignorancia. Aunque no lo parezca podría ser tu abuela. Explícamelo todo, y, por favor, hazme un cursillo preparatorio. No puedo salir tan poco preparada ahí fuera. 

CAPÍTULO DOS : Nada más el comienzo

13 January 2012 03:14:00

Es entretenido mirar desde aquí arriba cómo las personas se toman el tiempo tan en serio. Para mí el tiempo dejó de importarme.  Medirlo con un reloj a medida que me hacía más y más mayor resultaba tedioso, casi una pesadilla. Los días se me hacían muy largos en esa soledad continua, sin principio ni final, hasta que se acabó. Todos tenían ese afán de tiempo, guardar más tiempo en su tiempo. Me pregunté siempre qué hacían con ese tiempo ahorrado, como en Momo, ese genial libro que mi nieta me prestó.  Porque siempre he sido una lectora empedernida.  Eso mató mis horas de soledad a ratos.  La soledad es mala compañera. 
Un aleteo suave distrajo a nuestra amiga de sus pensamientos: -Tengo una misión para ti.  -¡Válgame Dios! ¡Eres un ángel! -, casi se asustó la "gárgola". El aludido se miró las alas y la miró con incredulidad. Se dirigió a ella: -¿Y tú, qué crees que eres, querida amiga, sino un igual como yo? -. La mirada se le ablandó y dulcemente comprendió que ella no sabía quién era ni qué hacía allí. -: Tú también eres un ángel. Solo tienes que desplegar tus alas. Tu bondad te ha traído hasta aquí. Y yo vengo para decirte que no estarás más tiempo sola. No tienes que estar en este edificio como una gárgola. No lo eres. Al saberse ángel, sonrió: - ¿¡Soy un ángel!? -los ojos le brillaban como a una niña pequeña -. ¿Dios quiere que sea un ángel??? -Sí -, le contestó su simpático amigo -, y te llamas Sofía, creo. -Ese es mi nombre. Sofía.  -Pues encantado de conocerte, Sofía. Esto no ha hecho nada más que empezar.

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Author: Carol Torrecilla García
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