21 05 2012
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Un pllo precioso

20 May 2012 16:40:00

El día ha amanecido seminublado, ya que por el horizonte estábamos rodeados de nubes, de tal forma, que el sol apenas lograba introducir sus rayos por entremedias de algunos resquicios que había entre nubes.
Esto a las siete de la mañana, pues según fue avanzando, a eso de las ocho y media, que fue cuando bajé a la calle y me acerqué al pantano, no solo había más claridad en el ambiente, sino que por encima de éste y del pueblo se veía el azul del cielo.
Como el sol aún no había sobrepasado la franja de nubes que había por los alrededores, mirase para donde mirase todo el horizonte era gris azulado, no nos llegaban los rayos solares allá por donde fuésemos andando Suska y yo. Que no fuimos muy lejos, la verdad, pues hacía un frío que parecía que comenzaba el invierno en vez de parecer que estamos en primavera. Me di la vuelta rápido, en cuanto Suska hizo lo que tenía que hacer, ya que hasta ella no quería ir contra el viento, y encima frío.
Al volver, tras dar una batida olfateando con el morro pegado al suelo, cual si fuese una aspiradora, se detuvo bajo las ramas de un pino a ladrarlas. También lo hizo de pasada al ir hacia la ribera, pero apenas se detuvo.
Por más que tiraba de su correa y la decía que nos íbamos y que a qué ladraba, pues yo no veía ni ardilla ni ningún otro animal o ave entre las ramas, no quería irse de allí ni dejar su postura -sentada en la fría hierba-, ni dejar de ladrar.
La ardilla debía de estar observándonos desde su atalaya de madera, ya que Suska no se confunde -o su olfato no la confunde-, pasando desapercibida a mi vista, entre el camuflaje de las agujas de la conífera y el que le da su color de pelaje, en mimetismo con el de la corteza de pino.
Cuando logré retirarla de allí, subiendo la cuesta del camino oí el quiquiriquí del gallo que hay en una parcela vallada cercana y nos dirigimos hacia allí por si podía hacerle algunas fotos, ya que el otro día que tiré unas cuantas al gallinero no le pude tomar bien, pues estaba en el umbral de la puerta, mitad dentro, mitad fuera, como si fuese un portero de discoteca.
Como el gallinero queda dentro de una malla metálica, tejida a cuadros pequeños con gruesos alambres, entre este impedimento, el de la valla del recinto que me limitaba la distancia y el que estuviese medianamente visible, no pude fotografiarle bien.
Cuál no sería mi sorpresa, que al acercarme a la verja y hacer la primera foto al gallinero, con la cámara entre dos barrotes, veo que el gallo se encuentra parado por fuera de la malla y las gallinas en grupo cerca de él, por la parte interior. Al verme aparecer sobre el muro que sustenta la verja, las féminas se vinieron hacia el rincón más cercano a mí.
Al percatarme que su galán estaba con postura muy gallarda observándome -quizás celoso por si iba a “ligarle una de sus novias” de tan nutrido harén- y quieto, cabeza alta, ojos avizor y "hablando" por lo bajo a sus concubinas, con un tenue clo-clo, me fui hacia mi derecha por tomarle mejor desde otra posición.
Así fue y aquí está la muestra de cómo quedó de guapo el "adonis plumífero", pues hay que reconocerle el mérito por su tan nutrido harén, ya que "el mozo lo vale”.
Se fue para el fondo y dio una vuelta al gallinero. Las gallinas debían de saber lo que iba a hacer "el pollo", ya que en cuanto desapareció de su vista se fueron al otro extremo del corral, a esperarle por ese lado, como si ya supiesen que por allí aparecería.
Seguramente llevaba ya bastante rato fuera y haciendo lo mismo, dando vueltas al gallinero por si encontraba la forma o sitio por dónde entrar, para hacer compañía a sus "mujeres", ya que éstas estaban "bobitas" por él, a tenor de lo que vi; allá donde estaba el "gallito del corral" allí iban ellas.

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De vuelta a Las Anclas, con foto de ruiseñor cantando. ¡Por fin!

19 May 2012 16:20:00


El otro día fuimos a la urbanización donde vivimos anteriormente, ya que el portero del edificio tenía unas cartas para darme, pues al encontrármele en el pueblo por la mañana, me dijo que me pasara por allí, porque tenía un "regalito" que darme.

Fuimos por la tarde y aprovechamos para dar un paseo por las calles de Las Anclas y alrededores del pantano, que por aquella parte tiene buenas vistas.

Primeramente estuve haciendo unas fotos a los geranios que tiene Miguel -el portero- en el portal, puesto que estaban preciosos. Los tiene que parecen matorrales de grandes que están, más que plantas de tiesto o maceta.

Seguimos por aquellas calles, unas junto al pantano y otras por el interior de la urbanización, y en una de ellas nos paramos, pues al pasar por cierto sitio y con las ventanillas del coche bajadas, ya que hacía un día espléndido, oímos el canto de varios ruiseñores, junto al de otros pájaros como jilgueros, verderones, verdecillos y pitirrojos, más los de algún que otro estornino.

Como decía, paré el coche y nos bajamos a deleitarnos con tan canoros y agradables sonidos. Como es normal, bajé con la cámara preparada por si alguno de ellos "se dejaba" fotografiar, desarrollando su grata melodía. Justo al borde de la carretera, pues son lo que parecen aquellas calles asfaltadas con cunetas y todo a cada lado, había un frondoso árbol con flores blancas muy olorosas.

De allí venía el canto del ruiseñor que se oía más cercano y allí me planté debajo de las ramas, mirando casi flor a flor, más que rama a rama, por ver si daba con él. Por más que me movía lentamente, daba un pequeño paso a un lado y después al otro, avanzaba, retrocedía y cambiaba de posición, no daba con el músico. Cristina se hartó de estar de pie debajo del árbol y se fue a sentar dentro del coche, pues desde allí -a cuatro o cinco metros- también se le oía claramente.

La verdad es que parece increíble que un pájaro tan pequeño tenga esa potencia de trino como para que se le oiga a tal radio de distancia como se le oye, que son muchos metros. Yo no me cansé y seguí con mis movimientos de atrás hacia adelante y de un lado a otro -muy lentos, eso sí-, por ver si lo localizaba, ya que me guiaba por el sonido. Cuando creía que venía el canto desde una rama enfocaba hacia ella la cámara por si lo podía fotografiar, luego me parecía que venía de otra. Así me tuvo un buen rato, y todo es porque él era el que movía la cabeza según trinaba, de un lado a otro y al cantar tan fuerte, parece que viene de otro sitio el sonido.

Al fin se movió de rama y lo vi. Ya solamente con eso, con haberle visto, me puse la mar de contento pues no es tan fácil verlo, ya que ellos no suelen dejarse ver. Me acerqué muy despacito hasta quedar en una postura en que le veía entre las ramitas y las flores. Estaba entusiasmado viéndole en directo y además viendo y oyendo cómo cantaba. Le hice un motón de fotos, tanto cuando cantaba como cuando se callaba y tan solo salieron dos nítidas, debido a que como estaba entre las ramas y estas se movían con el ligero aire que hacía, la cámara, al ser automático el enfoque, lo fijaba en las ramas o flores que se interponían entre el pájaro y el objetivo.

Aguantó bastante tiempo allí, mirándome cuando dejaba de trinar, silbar, o "tocar la flauta". Cuando visioné en el ordenador "todo el material", la primera, segunda, tercera y muchas más, estaban borrosas. Seguí, con el medio pesar de no tener una clara, pero con la satisfacción de haberle visto en directo, que ya con esto me daba por agraciado.

Al final, o casi al final, veo una en la que con el pico abierto y la cabeza un poco hacia arriba, está lanzando su melodía al espacio. Pasé dos más y vi otra clara, aunque está con la cabeza para abajo, como si estuviese picando algo en la rama, pero se le ve claramente al menos. Al final mi espera mereció la pena. Yo creo que él estuvo esperando a que tuviese alguna foto nítida, ya que son de las últimas que le tomé antes de que saliese volando.

Hicimos un poco más de recorrido por aquellas calles y unas cuantas fotos más, y nos acercamos hasta el Viaducto de Entrepeñas, para tomar unas cuantas fotos de por allí, que aunque ya tengo aquello fotografiado con el pantano lleno, no lo tengo plasmado con tan poco agua como le queda y con todos los accidentes orográficos que han quedado a la vista.

De regreso, Cris estuvo tomando unas fotos al azuz de Pareja, ya atardeciendo, que le quedaron muy bonitas.

Espero que disfrutéis del reportaje y del ruiseñor cantando, aunque no podáis oírle. Al menos lo veis en fotografía, hasta que lo podáis ver en la naturaleza como yo -al fin- lo he visto; si es que no lo habéis visto ya, claro está.

AdriPozuelo
Sacedón





Mis mañanas

19 May 2012 14:00:00



Esta mañana he salido de casa sin la cámara, pues al asomarme por la terraza antes de salir he comprobado que el ambiente estaba poco claro; había una especie de bruma en todo el entorno y aunque se oía muy bien el canto de los pájaros, he pensado que no merecería la pena llevarla, ya que los trinos, silbidos y zureos que se oían muy nítidos, provenían de aves que ya tengo fotografiadas varias veces.

También pensé que no habría, o no encontraría, alguna cosa especial que mereciera mi atención, o digno de ser fotografiado. Pero no ha sido así, pues sí que lo había. Las había, pues eran varias setas de las que yo considero raras, ya que mis conocimientos micológicos son, no ya escasos, sino netamente nulos, si exceptuamos a los níscalos y las setas de cardo. Y éstas, si llego a coger alguna, antes de que algún vecino, o setero se las lleve, las tengo que mostrar a algún entendido en la materia, antes de atreverme a cocinarlas.

Me ha pasado la de marras, ya que el día que no salgo con la cámara colgada al cuello hay algo nuevo que fotografiar, o algo que merezca la pena plasmarlo en la tarjeta, lo que antes hacía en el celuloide, y dejarlo en la carpeta correspondiente del disco duro de mi portátil.

Esto es mucho mejor que aquello otro, el sistema analógico y mecánico manual, muy anterior a lo digital y automático de hoy en día, aunque hayan seguido “conviviendo” en paralelo muchos años. Y quizás los que les queden, pues aunque el soporte en papel fue decayendo paulatinamente a medida que se iba imponiendo el sistema moderno, hay quien por añoranza, o por el amor a un sistema que nos dio tantas satisfacciones, aun lo utiliza y quizás sea por estos “friquis”, o a consecuencia de la demanda que hay del celuloide y el papel, pequeña eso sí, y a pesar de que decayera su consumo, no han llegado a extinguirse.

Aun conservo algunas cámaras de aquellas mecánicas: una Kodak de aquellas de plástico que usaban cartucho; una de las que había que darle a la palanquita de arrastre del carrete, con regulación de objetivo y selección de estilo manual, de aquellas que iban acopladas a su funda de cuero y para usarla tan solo se destapaba la parte delantera; otra Pentax automática de carrete; otra Hp compacta y digital con el objetivo atrancado y "mi querida" cámara réflex Minolta, modelo 404 si, aunque no funcione ninguna.

Esta última la tengo “cargada” aun, pues dejó de funcionar hace años con un carrete dentro a medio uso, cuando mis hijas la estaban usando para un trabajo de la asignatura de Artes, estando cursando los correspondientes estudios en un instituto de Móstoles, y dentro de la variante de “Fotografía Artística”, o “Creativa" ” o “Composición Artística”, que esto no lo recuerdo muy bien, ya que desde entonces ha cambiado tanto la denominación de ciertas asignaturas, como los sistemas de estudio y otras cuestiones; tantas como han cambiado los distintos dirigentes de otros tantos gobiernos, ya fuesen comunitarios o estatales, de los cuales, si eran ordenanzas o leyes del Gobierno Central, algunas comunidades hacían lo “que les daba la gana” al respecto, hacían caso omiso de esas leyes y “se montaban” las suyas particulares, de tal forma que según en qué comunidad se estudiaba una cosa, en la otra u otras era diferente, o de ser la misma cosa, o cuestión, se hacía de forma o método distintos.

El caso es que hay que ver lo que han cambiado las normas. No solo las relativas a la enseñanza o educación, a la cultura en suma, que no sabría decir si a mejor o a peor, viendo y sufriendo, o quizás sería más correcto decir soportando, la poca que se aprecia a nuestro alrededor, mírese en la dirección que se haga.

No solo “el pueblo habla mal”, pronuncia mal, sino que también lo hacen los universitarios -incluso profesores-, los locutores de radio, los de televisión, ¡y hasta los políticos y gente, que en teoría debía ser culta! Estos, con más culpa, tienen una pronunciación que da grima; vamos, de pena.

Ejemplos, muchos, pero baste alguno en concreto. ¿Quién no ha oído decir a gerifaltes, personajes y personajillos, políticos y personajes cultos –incluso los del Ministerio de Cultura y a los que redactan y elaboran las leyes de la enseñanza: “hemos realizao”, o “hemos estudiao” esto o aquello? Cuando no confunden hiatos con diptongos y las palabrejas aun suenan peor. Como el decir: “hemos enviau”. ¡Ay! Pero si tenemos la Gramática por los suelos... ¿Cómo no vamos a estar nosotros?

A “la escuela” había que enviarles a ellos, en vez de permitirles que “nos manden”, y menos aun que nos envíen al garete -que es a donde iremos de cabeza-, que nos mangoneen o que nos ordenen. Y menos aun se les puede permitir que lo hagan en esos términos lingüísticos.

Cuando no les da por hablar u orar en público, disertando sobre materias que a todas luces se ve que apenas, o poco entienden, usando hipérboles o abusando del asíndeton, precisamente para querer dar credibilidad y pomposidad a su persona y a lo que dicen. Y son los “estudiaos” o estudiosos que nos han regido, que van a regirnos, y nos rigen, ¡pero de qué formas señores!

“Se me abren las carnes” –como diría mi abuela- al oírles tantos despropósitos, o al “dar tales patadas al diccionario”, como decía un “maestro” que tuve siendo yo un chaval, que aunque un bruto y un bestia en el trato humano -del que puedo asegurar que carecía y doy fe, aunque ya no me queden restos de las marcas que hizo en mi cuerpo, con la correa de motor que usaba a modo de látigo -, era un experto en el dominio de las palabras y un versado en refranes, parábolas y metáforas, así cómo en fábulas y greguerías.

Aun recuerdo alguna de aquellas fábulas que nos enseñó, la que por estar en La Alcarria me viene al caso, cómo es aquella de Samaniego y que decía así:

A un panal de rica miel
dos mil moscas acudieron
que por golosas murieron
presas de patas en él.

AdriPozuelo
Sacedón

En busca del ruiseñor

19 May 2012 12:59:00

Salí de casa por la mañana, para dar el paseo matutino, y lo primero que encontré digno de fotografiar fue un saltamontes que enganchado a la pared tomaba el sol.

Al salir del recinto de la urbanización, con la intención de dirigirme hacia el pantano, oí el canto cercano de un ruiseñor. Nada de cercano, pues siguiendo el sonido, que en un principio me pareció que salía de entre las ramas de un árbol, fui a dar en el parque siguiendo el sonido que me llegaba.

Cuando creía que estaría en el próximo árbol, al llegar comprobaba que de allí no salía el canto, sino que lo hacía del otro que estaba un poco más allá. Tampoco fue así, y cuando llegué al parque oía cantar a varios desde distintos árboles.

Me iba debajo del árbol del que salía un canto de entre sus ramas, y por más que miraba, por más que escudriñaba entre las hojas, no pude verlo, aunque lo tenía localizado. Lo mismo me pasó con otro, y con varios más.

Suska también andaba "con la mosca detrás de la oreja", pues entre que al oírlos se excitaba, por ver si los localizaba, y los mirlos que "aterrizaban" allí cerca, no paraba apenas nada más que para mirar a las ramas, pues se bajaba y subía los terraplenes siguiendo rastros con el olfato y la trufa pegada al suelo.

En esas estábamos, cuando llega una paloma torcaz y se posa en una rama cercana. Allí estuvo un rato observándome, lo que aproveché para tomarla unas fotos. Según vi lo que hizo, al rato de aguantar estoicamente en la rama, comprobé que no es que estuviese en "una sesión fotográfica" porque sí, lo que hacía era esperar por si me iba de allí, pues tenía que llevar ramitas al nido. Como así lo hizo estando yo observándola en su tarea, ya que el nido se encontraba entre unas ramas que quedaban a mi espalda y por encima de mí. Cuando visioné las fotos en casa, pude ver que en alguna salió con los ojos errados, así que, o estaba parpadeando, o se aburría de esperar y estaba dormitando.

Decidí irme hacia el pantano, ya que desistí del intento de fotografiar a los ruiseñores pues no se dejan ver apenas. De camino, bordeando el parque, al fin vi a uno encaramado en las ramas de un árbol seco. Sé que era un ruiseñor por el canto, pues estaba tan lejos que apenas distinguía que pájaro era y, además, tenía el sol casi de frente. De todas formas le tomé unas cuantas fotos, por si acaso se veían después al retocarlas en el ordenador. Pero apenas se distingue una silueta, así que como para distinguir la clase de ave que era.

Al final les hice unas cuantas a los lirios del otro lado del túnel y ese día me di por satisfecho.




















AdiPozuelo
Sacedón



Una mañana más con pájaros

16 April 2012 14:17:00

Abro el candado de la cancela y salgo de la urbanización. Tras cerrar, parto en dirección al pasaje del que apenas me separan diez metros, por el que se salva el obstáculo que supone la nacional para acceder a la ribera del pantano desde mi casa y que pasa bajo ella.

Antes de entrar en la boca del corto túnel, ya escucho los trinos de las distintas especies de pájaros, que encaramados en las ramas de los árboles del otro lado, así como sobre tejados y vayas de las casas que bordean la ribera, cantan, trinan y pían sin parar. Llegando al otro lado e incluso antes de salir de debajo del hormigón, el cual me hace llegar el sordo rumor de la rodadura de los vehículos que circulan sobre el asfalto, se oye el graznido de las chovas junto con el de un distante cuervo que debía de sobrevolar por las inmediaciones; comprobando, al llegar al pie del camino que sale a mi derecha en bajada hacia el agua, cómo el uno hace sus pasadas sobre ella y las otras vuelan en mediana bandada hacia las paredes rocosas de la hoz del río, al otro lado del dique donde tienen su hábitat cotidiano, en sus muchos nidos establecidos en sendas grietas de las rocas.Continuamos por la asfaltada ribera, ya que éramos dos, mi perrita Suska y yo, y vemos y oímos a nuestros amigos “Betoven” y “la rubita” –un precioso y simpático “San Bernardo” y una mestiza muy cariñosa-, que desde detrás de la verja del recinto donde se encuentran, nos reciben. Uno con sus ladridos, ya que no puede salir o escaparse, y la rubita meneando su cola al vernos, ya que es su forma de demostrarnos su alegría. Reptando por debajo de la puerta se acerca a nosotros y poniéndose a mi lado en lo que Suska se da el morro con ella, espera que la de una golosina canina, pues suelo llevar en los bolsillos para premiar a mi perrita y a ella la doy de vez en cuando también un trocito.Continuamos hacia adelante, con el frío viento en contra, el cual se deja sentir bien en esta zona, debido al encajonamiento por el que le hacen deslizarse las cumbres circundantes, produciéndose el efecto venturi -como corrientemente se le conoce, ya que en realidad es el “Principio de Bernoulli”-, consecuencia del acercamiento que se produce en los montes, llegando a pasar con más fuerza y aumento de velocidad por tanto, al pasar por los dos pequeños túneles que hay debajo de la carretera nacional, dónde en algunas ocasiones he de sujetarme la gorra, si no quiero que caiga en las garras de Eolo en su arremolinada ventura y perchándomela después en alguna rama o zarza cercana, tenga que vérmelas y deseármelas para descolgarla.Seguimos hacia la “Boca del Infierno”, donde el aire también azota en esa zona, ya que ésta “boca” media entre una gran isla -o pequeña, según con lo que se la compare- y el Alto San Julián, pendiente que queda al oeste del pantano y que en tiempos remotos debió de ser una sola altura o monte.A la isla la podíamos denominar Eolia, ya que podríamos situarla como la morada del citado dios, que junto a sus seis hijas y seis hijos dominan todos los altozanos, llanos y bajíos del entorno, pues si el padre se desliza hacia el pueblo, los hijos deben de hacerlo por los alrededores, ya que siendo una docena de ellos se entiende la saña con la que te reciben, o te ahuyentan, al aproximarte a sus dominios.Subiendo la cremallera de la sudadera y del chaleco acolchado, y abrochando los automáticos de éste, continuamos el paseo cámara en ristre con el dedo en el disparador, ya que los pinzones y los verderones cantaban cerca, muy cerca de nosotros, puesto que estaban encaramados en las ramas de los pinos que cubren hasta la mitad de la calle, así como en la lejanía los oíamos, sintonizando con el trinar de los jilgueros, cual sinfónica campestre.Hoy estaba decidido y dispuesto, a pesar del frío recibimiento de dioses y diosecillos, a hacerles más de una foto. Esto sería posible si es que algunos se dejaran ver, pues hay días que como hoy, los oyes clara y nítidamente pero no se les ve. Y si se les ve, o están tras alguna rama, hojas o agujas de pino, o se confunde su silueta con los frutos de éstos árboles.
Al final he conseguido unas cuantas de pinzones, jilgueros y verderones, así como de unas cuantas chovas en vuelo; un pequeño grupo que pasando muy cerca se dirigía al Alto San Julián. Como al disparar la cámara mi perrita dio un tirón, no pude tomarlas bien, teniendo que fotografiarlas cuando ya estaban relativamente lejos. Bueno, ya habrá más ocasiones en que se las pueda fotografiar a gusto, ya que la primavera no ha hecho más que empezar y tienen que venir muchos días en que las pueda ver posadas en el suelo y junto al pantano, además de venir provisto del trípode y otros objetivos.Tomé también unas cuantas fotos a unas lilas abiertas, que desde los lilos que hay junto al borde del asfalto despedían su penetrante aroma, llegando fugazmente hasta mí, ya que el viento se encargaba de quitármelo antes de que pudiese disfrutar plenamente de él. Estaban preciosas, al igual que las de un lilo de un jardín cercano, al que tomé una foto pues estaba exuberante de las olorosas florecillas.De regreso tomé el coche y me fui hasta el pueblo para hacer algunas compras, necesarias para el almuerzo diario. Tras aparcar cerca de la plaza, junto al callejón donde se encuentra el pub “Qué punto”, me fui al bar a desayunar.Pasé, y como hago todos los días que voy, di los buenos días nada más traspasar la segunda puerta, la que da acceso al local y fui contestado, como casi siempre, por las sillas y mesas vacías, ya que las ocupadas no se dignan dirigirse a nadie, cuanto menos a extraños, al estar sus ocupantes sobre ellas, enmudeciéndolas por completo.Al acercarme al mostrador y repetir mi venturoso saludo, al fin me contestó el amable camarero, cosa que también suele ser así casi siempre, o casi todos los días. Le pedí mi café con leche, a lo que añadió: -Con churros ¿verdad?- y le contesté afirmativamente.Tras indicarme que me lo serviría en una mesa, me dirigí a una que había desocupada, cosa rara ese día, ya que los martes y jueves rara vez queda una libre a esas horas, pues son días de extracciones y recogida de muestras para análisis clínicos. Como el ambulatorio queda cerca, apenas 100 metros abajo, y es el único bar que sirve churros elaborados in situ, la gente acude allí casi en masa, tras ser “pinchados” y dejar “sus botellitas” de muestras de orina.Dando cuenta de mi desayuno, estaba yo sentado a una mesa y mirando hacia la entrada, que es como me gusta situarme, quedando el mostrador a mi izquierda, cuando vi al otro lado del cristal labrado a un vejete, que asido al dorado bronce empujaba la hoja de madera y vidrio.A medida que se me acercaba, pude observar a un hombre con semblante bonachón bajo la visera de una gorra clásica y andares que, aunque no lentos, semejaban aspecto cachazudo, quizás debido esto a la acumulación de años que se le adivinaban, aunque bien abundan los que aun con parecidas sumas añales a sus espaldas, arrostran una cara de mala leche que es como si no pudiesen con ella.El camarero le saludó nada más verle acercarse al mostrador.

-¡Qué! ¿Cómo va eso Celestino?

A lo que el aludido le respondió:

-Va bien la cosa hijo. ¿Qué más se puede pedir, “pa” los tiempos que corren?

-Qué. ¿Un café con leche?

El hombre asintió, el camarero le sirvió el café y siguió de conversación con los ocupantes de una de las mesas y con otro vecino, que sentado en un taburete junto al mostrador, compartían conversación todos ellos, versando ésta sobre los pocos servicios en el pueblo y que debido a la falta, o escasez de ellos, había que trasladarse a Guadalajara, para tramitar y resolver ciertas cuestiones.

En tanto entró una señora, que al parecer por la conversación entablada, era “hija del pueblo”, saludó al vejete y a mis vecinos de mesa, que al parecer a todos conocía, y la conversación siguió por otros derroteros. Temas banales, como comentar el tiempo climático del exterior, seco, por más y más nubes que se ciernan sobre la zona, y problemas de salud, debido al parecer, a la “acumulación de años sobre una”, según comentario literal de la nueva contertulia.

Comentaron entre ellos -incluido el camarero- sobre “una parálisis”, “embolia”, “o trombosis” -caso en el que cada uno daba su diagnóstico y no llegaban a consenso-, que le había acontecido a un tal Jesús, vecino e “hijo” también del pueblo.

El personaje del café con leche, ajeno a tal conversación, quizás para él tan banal como para perder el tiempo interviniendo en ella, daba cuenta de su desayuno. Al poco llegaba al fin de éste y tras abonar su importe y despedirse de todos los presentes: -Queden ustedes con dios –dijo-, se dirigió hacia la salida encajándose la gorra y se fue.

El camarero, según traspasaba las medias puertas batientes que separan el interior del mostrador con el local, llevando las manos ocupadas con un chocolate en una y unos churros en la otra, para servir a la nueva parroquiana, comentó:

-Hay que ver lo bien “questá” este hombre, “pa” los 90 años que tiene.

-¿Quién? Preguntó a su vez la que esperaba tan suculento manjar, pues según comentara poco antes, estaba en ayunas por tener que “hacerme anélesis de sangre” en el ambulatorio.

-¡Celestino! Contestó el camarero, en expresión significativa de ¿quién va a ser sino? siguiendo en un toma y daca dual.

-Ya lo creo. ¡Ojalá llegue una así a esos años!

-Pues sí.



(AdriPozuelo)

Sacedón, Guadalajara

15 de abril de 2012

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Author: Adrián Martín Alonso
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